Diálogo Interno: Motivación y Superación Personal

Desahogarse con los demás.

Qué sucede cuando siempre de alguna forma o de otra celamos, le gritamos, maltratamos, golpeamos, tratamos mal a nuestro cónyuge o pareja?
Generalmente estamos proyectando en nuestra pareja, la inseguridad que estamos sintiendo, y de esta forma reflejamos en ella, los  sentimientos no los podemos reconocer cómo propios.

Cuando estamos proyectando los propios miedos en otra persona, es devastador tanto para nosotros cómo para nuestra pareja, porque estamos distorsionando la realidad y la nuestro cónyuge se siente confundido, y tratado con injusticia a la larga, lo que lo lleva a experimentar rechazo. Esta desconfianza va minando la relación paulatinamente, pues se hiere profundamente a nuestra pareja, y así reaccione en su defensa agraviando el conflicto. Esto  afecta no solamente al que proyecta, sino al que recibe.

Una proyección casi siempre se alimenta de una vivencia de nuestro pasado, situaciones que hice, que viví en casa con mis padres, que dejé de hacer y hubiera querido hacerlo, situaciones a futuro, y esto nos aleja del presente.

BAJA AUTOESTIMA

Los miedos que experimentamos cuando no dominamos nuestro papel de proveedor (en el hombre), cuando  nuestra autoimagen esta deteriorada (podemos sentirnos gordos, flacos, no atractivos), sentirnos mal por ser de menor o mejor nivel económico, nos hace comportarnos de una forma negativa ante nuestra pareja.

Los celos infundados son un claro ejemplo de este tipo de proyección, ya que surgen de una baja autoestima de quien los siente. Proyectamos nuestro infierno personal.

Esto que proyectamos lo hacemos sin darnos cuenta, pues estamos distorsionando nuestra percepción, y nos hace actuar cómo si en realidad lo fuera.

Una persona segura de si misma, no acusa ni exige, sencillamente deja vivir

El miedo a los cambios, a lo diferente, la necesidad de dependencia, los deseos de manipulación o la despreocupación o desconocimiento de una mismo, es lo que origina una proyección que casi siempre se traduce en un ataque verbal o acusación.

Una persona insatisfecha consigo misma pude ir soltando las riendas hasta perder el control, siendo la situación que sea.

El ataque es una súplica encubierta. El que ataca posiblemente este pidiendo a gritos que le quieran y que le demuestren cómo el necesita que le consuelen o apoyen, o simplemente que su mujer le dedique más tiempo. Pero si se continúa en este ataque, lo más posible es que se continúe con este tipo de relación tóxica y las cosas empeoren y lo lleven a la soledad, abandono y rencor.

Cuando hay alguna parte de nosotros que rechazamos, que no nos gusta, que nos hace sentir malos, incómodos o no aceptados, o con menos valía, recurrimos al mecanismo de proyección, que es rápido, sutil y así escondemos aquello que consideramos incorrecto en nosotros. Y así nuestro ego se mantiene intacto: culpamos a los demás en lugar de reconocer nuestros errores, nuestras imperfecciones.

Para sanar nuestro ego, debemos enfrentarnos a nosotros mismos. Aceptarnos con virtudes y defectos, aceptando que somos seres en evolución y por tanto capaces de equivocarnos.

Nadie es perfecto. La autoestima (quererte y aceptarte tal y cómo eres) es imprescindible para conseguirlo.

Empieza por mirar menos al otro, empieza a ocuparte más a de ti mismo, cuida de ti, en lugar de esperar que el otro lo haga. Cuando te proteges a ti mismo, te conoces y te respetas, y la necesidad de reclamar atención de los demás desaparece.

Hay personas que incluso reniegan de la responsabilidad de cuidarse ellas mismas (una enfermedad, tomarse alguna medicina, aseo personal), de forma inconsciente, y reclaman a otros que se preocupen por ellos.

Y si acaso eres víctima de una proyección, date cuenta que de la otra persona tiene el problema y no tú. En lugar de devolverle la acusación con la misma agresividad o impertinencia cómo tu la recibes, intenta hacer ver a la otra persona que esos miedos proceden de su propia inseguridad y baja autoestima, y no de un peligro real.

A veces no contestar o no reaccionar con violencia ante estas impertinencias es la mejor herramienta, y tratar de que no te afecten los temores que te quieren inculcar. Con esto demuestras que el problema no es tuyo y por tanto no te sientes culpable.

Por Q.F.B. Irma Covarrubias

irmacov@hotmail.com

Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través de RSS 2.0 feed.